
El viento me muerde como tiburones, importándome nada, haciendo la piel jirones, importándome nada, solo la pared, el vacío y yo, y yo además, y nada.
En cada trozo de mi carne, que se comprime, haciendo gozo agónico que parte, que se comprime, para avanzar un poco, un poco mas, un poco cada vez.
En cada trozo de mi carne, que se comprime, haciendo gozo agónico que parte, que se comprime, para avanzar un poco, un poco mas, un poco cada vez.
Y el humo salia, mientras mi boca con tu boca y las sabanas se lían, mientras la fricción chispas hacia y todo consumía, y nuestros miembros llameantes en trozos grandes se partían.
Lecciones fueron aprendidas.
Corazones se nublaron.
Gargantas ardían.
Corazones se nublaron.
Gargantas ardían.
... Y estábamos como locos.

3 comentarios:
Hola, chaval.
Cada vez que leo algo tuyo necesito una copa y eso empieza a preocuparme, sera que nos hacemos viejos. En fin, lobo, cuida esa cara, sera el pasaporte de tu vida.
Vaya! a veces el perro ladra con música en la garganta! Esta entrada bien se asemeja a un punteo de blues... jeje en fin seguiré con los nudos, las bombas y...
Sigue ladrando, perro, que procurare pasar por aqui mas amenudo. Lo juro, palabra falsa de abogado! (Bueno, proyecto de)
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