
Cuando volvía del servicio, el espresso doble junto con el vaso de soda que había pedido estaban ya servidos en la mesa al lado del cenicero en el que posaba su cigarrillo recién encendido que había dejado al llegar. La entrega había sido tan rápida como anónima. Mientras tanteaba la temperatura del café con prevenidos sorbos, apartaba la galleta y los sobres de azúcar. La costumbre.
Miró a su alrededor y comprobó que era el único cliente que estaba sentado solo.
-"En este país la gente sale a beber café por rebaños."- Pensó de forma algo ácida al ver las otras mesas con tres o cuatro personas , todas ellas masticando, sorbiendo y hablando en una especie de Belle melange. Ni muy fino, ni tan fresco. El perfume del ambiente se había podrido, el lugar ya no era igual a los primeros cinco sorbos de café, un par de tragos largos y mejor irse.
Un par de metros a la salida de la cafetería su atención cayó en un músico callejero tocando una gaita irlandesa, aunque si no lo hubiese visto hubiera pensado que se trataba del lamento del algún animal herido esperando su muerte. Tal vez un bisonte. Tan desastrosas eran las notas -por así decirlo- que el músico -también por así decirlo- sacaba por medio de obvia tortura a tan noble y folclórico instrumento, que no cabía sino una mirada de profunda reprobación, acompañada de un lento movimiento de negación con la cabeza. Al parecer, el sucedáneo de gaitero, notó esta crítica gestual por parte de una transeúnte, ¡un cualquiera! ¡que descaro!. Sin duda su orgullo artístico (sigh) pudo mas y detuvo por un momento su guerra contra la musicalidad para preguntar, con un gesto molesto de alzamiento de barbilla, que es lo que sucedía. La respuesta devuelta -también gestual- proponía una imitación a la forma de tocar del gaitero y después una mímica con la mano izquierda que sugería un revolver introducido en la boca para su posterior "disparo" a modo de suicidio. Después de esto el gaitero decidió dejar de lado la comunicación tipo 'Marcel Marceau' para acometer con una retalía de insultos de fuerte acento irlandés... La respuesta fue el punto final de tan agradable charla:
- ¡Póg mo thóin!.
Una frase gaélica de significado bastante soez, con la intención de invitar al interlocutor a besar cierta parte de la anatomía humana que rara vez ve la luz del sol. Los años habían enseñado que no había nada mas frustrante que descargar toda ese enfado verborréico en un insulto que por la barrera lingüística jamas sería entendido. Nada mejor que estar instruido en la maestría idiomática de la injuria. Tan útil como un Hello es una Fuck you de vez en vez.

7 comentarios:
lo mejor es estar en los mismos escenarios del cuento y conocer al cuentero, incluso a uno de los personajes.
Luego de eso llegar en la noche a la casa y estudiar un poco de historia medieval (que es casi un cuento) y terminar leyendo la narración antes de irse a dormir.
Me hace falta un café (raro, pero cada vez me da más sueño el café).
Saludos primo, y un honor deflorar esta entrada "aún virgen", como me dijiste en la tarde.
te apuesto
si la comunicación hubiera sido a travez de computadores, se gustarían
Hahhahaha.
Que dices! no frustra que no entiendan tus insultos! te complace doblemnete!!!
Por decirlo, y por la superioridad pedante de no haber sido entendido xD
Bueno, tuve un debate sobre eso el otro dia en un mittin de vagabundos debajo del puente 'Cancha'.
El resultado fue 2-0 para el carton de vino.
En todo caso, yo insulto por el placer de que se sientan insultados. Lo demas, es caspa.
dialogé con osama sobre ahcer un podscats,y que nos juntemso luego de fistas patrias, ya pasó esa extravagancia asíq ue ojala lo concretemos; te comunico esto porque me dijo que tabas interesado en hacer un programa.
espeor respuesta
adios
Eres infalible.
Esta noche pasada te saltaste todas las alarmas, y volviste a aparecer en uno de mis sueños.
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